Dieta para la inflamación

A la hora de chocar las enfermedades crónicas que se relacionan con la inflamación, es necesario adoptar una dieta que contribuya al tratamiento. En este sentido, es conveniente asimilar que algunos alimentos pueden ser perjudiciales, mientras que otros tienen propiedades beneficiosas. ¿Cómo hacer una dieta para la inflamación? A continuación, lo detallamos.

La dieta para la inflamación y ECNTs

Para comenzar, las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNTs)  tienen un origen en popular: la inflamación. La inflamación crónica representa el principal negociador patogénico en los trastornos metabólicos que incrementan la probabilidad de desarrollar una enfermedad crónico degenerativa.

Principalmente, la inflamación es un factor esencia interiormente de la patogenia de la disfunción endotelial, así como la aterosclerosis. Por esta razón,  el tolerar una dieta para la inflamación es uno de los pilares para la prevención y tratamiento de las enfermedades crónico  degenerativas.

¿Qué es la inflamación?

Según el estudio de Strowig T et al en el 2012,  la inflamación aguda es una respuesta biológica delante una infección o daño tisular para iniciar la curación y reparación de los tejidos vasculares. Los signos clínicos que la caracterizan son el calor, rubor, tumor y dolor; estos son producidos por factores como las citoquinas, quimoquinas, especies reactivas de oxígeno y factores de coagulación.

Aunque la inflamación aguda se caracteriza por ser una reacción de defensa, cuando se sostiene durante un prolongado periodo de tiempo se convierte en una reacción crónica. La inflamación crónica contribuye a la patogenia de múltiples enfermedades.

Esto ocurre a través de la regulación de factores de transcripción (principalmente el negociador de necrosis tumoral, NFKB) y miembros de la tribu del negociador regulador de interferón (IRF) que desencadenan la expresión de genes inflamatorios, inmunes y antivirales.

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Obesidad y la inflamación silenciosa

La expresión de genes y producción aumentada de sustancias pro inflamatorias se relaciona proporcionalmente con la cantidad de tejido gordo en humanos y modelos animales. Por lo tanto, en individuos con obesidad, se acento de la presencia de inflamación sostenida y crónica, la cual contribuye a la patogenia del huésped.

Estas alteraciones incluyen, principalmente, daños en la sensibilidad a la obra de la insulina, disfunción de las células β del páncreas, enfermedad hepática no alcohólica y ateroesclerosis.

La inflamación crónica se asocia con la presencia de tejido gordo en exceso, por lo tanto, contribuye a la patogenia de individuos con obesidad.

Según la Ordenamiento Mundial de la Salubridad (OMS), en el 2017 la obesidad (definida como un exceso de adiposidad anormal que puede ser perjudicial para la vigor) ha apurado proporciones de incidencia equiparables a una afluencia en las últimas décadas.

Obesidad y síndrome metabólico

La obesidad se asocia con alteraciones multiorgánicas de carácter inflamatorio con impacto crónico a nivel metabólico (principalmente pancreáticas, adiposas, hepáticas, cardíacas y músculo- esqueléticas). Estas alteraciones, en conjunto, definen al síndrome metabólico.

El síndrome metabólico tiene un origen multifactorial, sin retención, el medio entorno donde se desenvuelva cada individuo determinará la expresión de genes  con sus respectivas alteraciones metabólicas. Murmurar de medio entorno es conversar de la nutriente.

Especialmente, una dieta adhesión en grasas de origen animal y productos en gran medida procesados, productos con elevado contenido de azúcares, así como el  bajo consumo de verduras y frutas, se asocia con exceso de peso corporal, aumento en la carbohidrato en mortandad, incremento de la tensión arterial, entre otros.

El papel de la dieta para la inflamación

Numerosos estudios, como el publicado en el International Journal of Molecular Sciences por Tuttolomondo A et al en el 2019, avalan el importante rol que tienen los patrones de nutriente para predecir el peligro de desarrollar una enfermedad, tratarla o disminuir la mortalidad.

La dieta mediterránea se ha estudiado ampliamente por el impacto que tiene en la reducción de biomarcadores de la inflamación, como lo son la hiperinsulinemia, hiperglucemia, dislipidemia, adiposidad central, hipertensión arterial, entre otros.

Según Sears B et al en el 2015, el tolerar una dieta para la inflamación implica lo posterior: 

  • Suplementación con ácidos grasos omega 3 (entre 2-3 g de ácido eicosapentanóico y docosahexanóico al día).
  • Restricción calórica con un adecuado seguridad entre los principales nutrimentos (hidratos de carbono, proteínas y lípidos); cálculo llevado por un nutricionista.
  • Inclusión de vegetales ricos en compuestos bioactivos conocidos como polifenoles que se encargan de inhibir al negociador de transcripción NFKB.

Estos cambios tendrán un impacto en la supresión de genes que se encargan de la producción de sustancias pro inflamatorias, especialmente, aquellas presentes en la inflamación crónica.

A su vez, activarán la vía de señalización de la AMP quinasa, un arduo que funge como detector de energía celular, el cual ayuda al cómputo energético y al consumo de calorías.

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Dieta mediterránea

La dieta Mediterránea no es un patrón de nutriente homogéneo o exclusivo interiormente los países cerca de del Mar Mediterráneo (España, Italia, Portugal, Grecia, Croacia, entre otros).

Aunque se caracteriza por ser un patrón con un elevado consumo de frutas, verduras, cereales de granos enteros, carnes magras, semillas y óleo de oliva, cada país tiene sus propios hábitos dietarios que son influenciados por factores socioculturales, religiosos y económicos.

Dieta mediterránea para la inflamación
Por sus características, la dieta mediterránea es uno de los modelos de nutriente que ayudan a combatir la inflamación.

La dieta para tratar la inflamación

Al ser una dieta con un adecuado consumo de grasas insaturadas (principalmente omega 3),  bajo aporte de grasas saturadas y trans, elevada presencia de compuestos bioactivos por la inclusión de productos de origen vegetal y consumo de azúcar natural y no procesado, la dieta mediterránea ejerce numerosos existencias biológicos sobre la vigor.  Especialmente, regula los factores asociados al síndrome metabólico:

Diabetes:

  • Comenzando por su contribución a la reducción de la resistor a la insulina.
  • Disminución de la concentración plasmática de carbohidrato.
  • Aumento en la producción de incretinas GLP-1 (hormonas intestinales que promueven la producción de insulina).

Dislipidemia:

  • Reducción en las concentraciones de colesterol LDL y triglicéridos.
  • Incremento en el colesterol HDL y producción de adiponectina.
  • Por final, disminución de la reabsorción a nivel intestinal de las ácidos biliares y colesterol.

Enfermedades cardiovasculares:

  • Reducción en la producción de células espumosas implicadas en la formación de la placa de ateroma.
  • Regulación de la tensión arterial sistólica y diastólica.
  • Promueve la vasodilatación.
  • Mejoramiento la elasticidad de los vasos sanguíneos.
  • Como consecuencia, contribuye a disminuir de la probabilidad de desarrollar infarto al miocardio y desnivel cerebrovascular

Importancia de controlar los factores de peligro asociados al exceso de tejido gordo

Para finalizar, debemos memorar que, si admisiblemente la predisposición genética tiene un peso importante para el avance de múltiples enfermedades, el estilo de vida que se tenga contribuirá a la aparición o prevención de dichos trastornos.

Principalmente, el tolerar una dieta para la inflamación, con inclusión de alimentos ricos en polifenoles y grasas insaturadas (omega 3), permitirá tolerar una dieta para tratar la inflamación, controlar el peso corporal y sustentar la vigor. Asimismo, es importante asistir con un nutricionista que calcule lo que su cuerpo necesita.

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