Aplicarán políticas de género en la sanidad para favorecer a todo el mundo

«En las intervenciones de próstata, existe mucho consenso a la hora de cuidar la salud sexual del paciente. Cuando a una mujer se le practica una histerectomía -una extirpación del útero-, nadie pregunta si puede afectar a la calidad de las relaciones sexuales ni qué impacto tendrá que la vagina quede eventualmente más corta. Es un ejemplo de discriminación de género y la mirada es lo que permite corregir estas desigualdades », explica la doctora Elena Carreras, presidenta del Consejo Asesor de políticas de género en salud, impulsado por el Departamento. El objetivo del grupo, que une expertas de diversos ámbitos, es actualizar la práctica clínica y el sistema sanitario con perspectiva de género.

La doctora Carreras, jefe del Servicio de Obstetricia y Ginecología del hospital Vall d'Hebron, se muestra convencida de que la mirada de género será una revolución en salud: «Debe serlo. Y ahora es el momento! ». «La ciencia tiene sesgos de género, y tanto, y lo que está bien es descubrirlos para aplicar los métodos que permitirán eliminarlos», apunta sobre la filosofía del consejo asesor que preside, constituido en mayo.

«Esta idea enlaza con la visión de género en investigación. No se trata tanto de que los investigadores sean hombres y mujeres de forma paritaria, sino de dónde se destina el dinero y que se investiga. Por ejemplo, se podría investigar más en cefaleas, que afectan más a las mujeres que los hombres », dice.

Hasta ahora, en políticas en salud, la valoración económica ha ido por delante; el siguiente paso debe ser incorporar la visión de género, dice la doctora Carreras. «Los beneficios que aporta la perspectiva de género son tan grandes y afectan tanto a todos que volver a las viejas prácticas se hace complicado, afortunadamente», afirma, por dejar claro: «hay un tópico que hay que romper. Aplicar políticas de género en salud no es sólo favorecer la salud de las mujeres, sino la de todos ».

Carreras destaca que las desigualdades de género en salud impactan en los pacientes. «Es posible que, ante una presión en el pecho, en un hombre se piense más en una enfermedad cardíaca y en una mujer, en ansiedad. Este es un sesgo que se debe corregir. Evidentemente para los pacientes, pero también para los profesionales », afirma.

Precisamente hace pocos meses se presentó un estudio liderado por Vall d'Hebron que concluía que la tasa de mortalidad en las mujeres con infarto es del 18% y en los hombres, del 9 %; una diferencia que se atribuye sobre todo a que las mujeres tardan más en ir al hospital y aguantan más unos síntomas, que, muchas veces, se confunden con otras causas y se minimizan.

La depresión es otra enfermedad que carga diferencias de género: «Es más fácil llegar al diagnóstico de la depresión en una mujer y comenzar antes el tratamiento, mientras que en los hombres se tarde más a diagnosticar y esto tiene inconvenientes para los pacientes ».

Enfermedades invisibilizadas

La endometriosis es seguramente el ejemplo más claro de las enfermedades que sólo afectan a las mujeres y que durante muchos años se han invisibilizado. «Hemos roto un gran tópico, que es que la regla duele. La regla puede molestar, sobre todo el primer día, cuando se produce una gran liberación de prostaglandina, pero no es normal que sea muy dolorosa. Afortunadamente ya lo estamos considerando una enfermedad y no un capricho de la mujer », subraya la doctora Carreras, que también preside la Sociedad Catalana de Obstetricia y Ginecología.

También habla de otra enfermedad del ámbito ginecológico aún por rescatar del silencio. Es el vaginismo, una contractura de la musculatura alrededor de la vagina que dificulta o imposibilita las relaciones sexuales con penetración, o incluso la introducción de un tampón.

«Durante mucho tiempo hemos dado un tratamiento psicológico: si padeces vaginismo, seguro que tienes un trauma. Este no es el enfoque. Le debemos sacar la carga de culpabilidad », dice. «Hemos puesto nombre y cara a la endometriosis, ahora toca hacerlo con el vaginismo. Encontraremos que es más frecuente de lo que pensamos. Saber su incidencia real sería una buena manera de empezar », afirma.

Como ha podido condicionar que durante décadas la mayoría de ginecólogos hayan sido hombres en el tratamiento de enfermedades o procesos específicos de las mujeres? «En general, con una tendencia excesiva a la medicalización en procesos en los que tal vez no era tan necesaria. La menopausia es un ejemplo claro », señala Carreras. «Cuando salieron las terapias hormonales sustitutivas, el tratamiento de la menopausia fue escandalosamente inadecuado porque parecía que perseguía la eterna juventud. Por supuesto que se han de tratar los sofocos cuando son invalidantes, pero un sofoco de vez en cuando, se debe tratar? Debemos avanzar en la despatologización de la menopausia », razona.

La doctora Carreras también habla de los partes: «En obstetricia, ahora se habla de violencia obstétrica. Es un término que a mí me cuesta bastante aceptar, pero puedo entender que se ha medicalizado mucho el parte con un punto de poco respecto a lo que la mujer desea ». «Hace un siglo el objetivo era que la madre no se muriera en el parto y, después, pasó a serlo que la criatura naciera espléndidamente bien de salud. Ahora nos toca cuidar la parte emocional sin someter la gestación a ningún riesgo », señala.

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