Alerta: el uso de móviles y tablets en niños menores de 4 años causa daños oculares irreversibles

Los móviles se han convertido en el entretenimiento perfecto para que los niños no den guerra en el restaurante o esperen tranquilamente en la sala de espera del pediatra.

Juguetes improvisadas, de las que ya se empiezan a conocer los efectos que tienen sobre los ojos de los más pequeños. «Antes de los cuatro años los niños apenas deberían ver pantallas de este tipo». Así de contundente se muestra Celia Sánchez-Ramos, investigadora y profesora en la universidad Complutense de Madrid especializada en ciencias de la visión.

A falta de un estudio a largo plazo que determine las consecuencias que las pantallas tienen en la población, debido a que se trata de un fenómeno más o menos reciente, Sánchez-Ramos lleva años investigando con animales para saber qué les pasa a los ojos cuando se exponen a las luces que emiten las pantallas. «Sabemos que en los ratones expuestos durante tres meses a estas luces la pérdida de neuronas de la retina es del 23% », señala la investigadora.

La culpa de este efecto nocivo en los ojos la tienen los leds que se utilizan en los dispositivos, que son emisores de luz blanca que «en realidad es luz azul a la que se le ha aplicado dos capas de fósforo para que sea percibida como blanca, lo que ocasiona que sea una luz mucho más energética y que provoque daños en el fondo del ojo ».

Unos daños que son más intensos en los niños pequeños, «ya que el ojo no acaba de formarse hasta los cuatro años ». Además, la proliferación de las pantallas, unido a que en las casas cada vez tengamos más fuentes de luz hace que el efecto se potencie. «A partir de los años 80, con la irrupción de las pantallas, se produjo un punto de inflexión y pasamos a mirar directamente las fuentes de luz, hasta ahora sólo percibíamos su reflejo». Más fuentes de luz y más tiempo de exposición. «Los estudios dicen que pasamos una media de 8,5 horas frente a las pantallas y esto sumado a la cantidad de luz natural que perciben nuestros ojos es una barbaridad».

La investigadora sostiene que ya se están empezando a ver patologías asociadas a este exceso de exposición a la luz en forma de conjuntivitis, ojos rojos o párpados hinchados. Unas enfermedades que, aunque se producen desde el minuto cero de exposición, se manifiestan a partir de los 26 años. «Antes del ojo absorbe todo, ya que otro de los problemas que nos encontramos es que la retina no tiene neuronas sensitivas, por lo que no te enteras del mal que está causando». Además, la pérdida neuronal «no es reversible».

Enganchados al móvil

Entre los consejos que da la investigadora, destaca el de restringir al máximo las pantallas en los niños por debajo de los cuatro años sobre todo los móviles. «La televisión no preocupa tanto, porque guardan mayor distancia con ella. El problema es que los móviles los ven muy de cerca. Además se concentran mucho en lo que están mirando y hacen que se peguen más a la pantalla ».

La investigadora recuerda que los móviles multiplican por diez la cantidad de luz que reciben los niños. También es conveniente el uso de filtros a modo de salvapantallas en los dispositivos, que ayudan a reducir el efecto nocivo de la luz que emiten.

Fruto de sus años de investigación en estos temas, Celia Sánchez-Ramos ha patentado diferentes filtros para gafas y pantallas.

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